La anatomía zombie es un área de estudio que aún está muy verde. Existen varias escuelas y para variar cada una tiene una corriente de pensamiento diferente, lo que hace que sean muchas las hipótesis.

El único punto que tienen en común todas las escuelas que estudian el fenómeno zombie es que todas coinciden en que estamos hablando de un tipo de organismo que cumple con creces la función para la que ha sido creado, acabar con la humanidad. Es un buen punto de partida, aunque un poco desesperanzador.

Anatómicamente hablando, hay partes del cuerpo que nos tienen que preocupar más que otras, y en ocasiones dependerá del tipo de zombie que nos encontremos.

Para facilitar la lectura del post vamos seguir el mismo orden que en la infografía que podéis encontrar al final.

Anatomía zombie

Lo primero que nos tiene que preocupar es la cabeza, por distintas razones:

  • El cerebro: Existen teorías que defienden que en un zombie se activa únicamente la zona que contiene las capacidades básicas de supervivencia o zona instintiva, lo que se suele denominar cerebro reptiliano. Pero además de controlar el comportamiento del zombie, parece ser que es la única parte del cuerpo que se puede dañar para inutilizar a este depredador.
  • No muy lejos encontramos ojos, oído y nariz, que agrupamos porque juntos son el principal método a través del cual un zombie puede detectarnos y perseguirnos. El más sensible sería el oído seguido del olfato y en último lugar la vista, aunque no merece la pena subestimar ninguno de ellos.
  • Algo más abajo encontramos la zona crítica, la fuente de la propagación de un apocalipsis zombie, la boca. El zombie utiliza la boca para alimentarse, y de esta forma infectar a otros seres vivos, aunque existen teorías que afirman que los seres vivos están infectados y que solamente hace falta que mueran para convertirse en zombie, en este caso no es relevante, ya que en la gran mayoría de situaciones el mordisco zombie es el primer paso para transformarse.
  • Dentro de la boca podemos encontrar los dientes a los que atribuimos el origen de la transmisión, habitualmente tiene que existir un intercambio de fluidos para el contagio y este suele ocurrir cuando sus dientes desgarran la carne de los vivos. En ocasiones suele funcionar dejar sin dientes al zombie, o sin la parte inferior de la mandíbula para mantenerlo activo sin riesgo de contagio.

Los órganos que se encuentran en el tronco, corazón, pulmones, intestinos, etc., carecen de importancia de cara a la supervivencia, ya que en ninguna situación se ha demostrado que al dañar estos órganos un zombie deje de tener ese comportamiento.

Después de la cabeza lo siguiente que nos debe preocupar son los miembros superiores, sobre todo las manos. Las manos son preocupantes porque pueden entorpecernos la huida, pueden agarrarnos e impedir que nos defendamos correctamente, pero también pueden ser un foco de infección, ya que si con las uñas llegan a arañarnos podríamos acabar convirtiéndonos en zombie.

De cintura para abajo lo que más nos preocupa de un zombie son las piernas, aunque en principio dependerá de si el zombie corre o no. Si son zombies que corren, cualquier dañarles las extremidades inferiores puede frenar su llegada y proporcionarnos más tiempo para huir. Si el tipo de zombie no corre, el problema es parecido, aunque de menos urgencia, ya que recordad que un zombie no se cansa y nunca se detiene, tarde o temprano llegará a donde estemos, y nunca vendrán solos.

Esta infografía os ayudará a haceros una idea visual, os recomiendo imprimirla #porsiloszombies.

Con estas nociones sobre anatomía zombie tenéis los conocimientos suficientes para andaros con cuidado cuando tengáis un zombie cerca, recordad que si solamente tenéis la oportunidad de asestarle un golpe o pegarles un tiro, intentad que sea en la cabeza, ya que el cerebro es la única parte del Sistema Nervioso Central de un zombie que parece vulnerable.